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domingo, 1 de octubre de 2017

DEUDA PUBLICA, DÉFICIT FISCAL E INFLACIÓN: LOS KARMA DE LA ARGENTINA SIN RESOLVER 2da PARTE


2DA. PARTE DÉFICIT FISCAL

El déficit del Estado es para muchos analistas, el verdadero artífice del estancamiento económico.

El crónico déficit fiscal de Argentina es posiblemente el desequilibrio macroeconómico más importante del país y mientras la clase política dirigente no solucione este problema las crisis se seguirán repitiendo por más que las mismas se manifiesten de manera distinta.

El déficit fiscal es el gasto en exceso que el tesoro realiza por sobre los recursos impositivos a su disposición. Déficit estructural es cuando el tesoro se encuentra en déficit fiscal crónico más allá de las desviaciones que ocurran según lo proyectado para cada año.

El problema de Argentina, como el de tantos otros países a lo largo de la historia, no es meramente de déficit fiscal, es de déficit fiscal estructural y la Argentina es un país con déficit crónico.

Si bien la emisión monetaria y la deuda son las principales fuentes de financiamiento del déficit, existen otros recursos que han sido utilizados en diversas ocasiones. Las fuentes de financiamiento del tesoro podrían resumirse en las siguientes:

1. Impuestos,
2. Deuda (interna o externa),
3. Emisión monetaria (monetización del déficit),
4. Ganancias de empresas públicas,
5. Venta de activos,
6. Expropiación de flujos de fondos.

Un país con sus cuentas fiscales en orden debería, en principio, financiar los gastos del estado sólo con impuestos y la deuda pasa a ser un instrumento para el desarrollo de la infraestructura de un Estado y que se amortiza a largo plazo; o eventualmente para cubrir los déficits accidentales que pueden ocurrir  en  años  puntuales  que  podrían compensarse con superávits accidentales, los cuales pueden ser utilizados para cancelar deuda de años pasados.

Un estado que ve aumentar su deuda a mediano y largo plazo tiene un desequilibrio estructural en su presupuesto, entonces son los ciudadanos de ese Estado los que deberán hacerse cargo de la deuda pública a través del aumento de los impuestos, y en consecuencia la baja en la calidad de los servicios públicos esenciales que este le presta, debido a la disminución presupuestaria de los recursos asignados a dichos servicios y destinados al pago de los intereses y del capital de la deuda contraída.

Otras de las herramientas utilizada por el gobierno para financiar el gasto público es mediante la emisión monetaria que genera un tipo de impuesto no legislado, la   inflación,  el  Tesoro  puede  hacerse  de  recursos tomando billetes del contribuyente vía impuestos o bien tomando poder adquisitivo de los mismos billetes sin quitárselo físicamente al contribuyente.

La ganancia de empresas públicas; la venta de activos y la expropiación de flujos de fondos, son aún más cuestionables como fuentes importantes de financiamiento del gasto público.

Los déficits fiscales estructurales llevan eventualmente a defaults o a altas tasas de inflación.

Resumidamente, en Argentina el resultado fiscal se estructura de la siguiente manera:

  Ingresos tributarios
Los ingresos tributarios, además de comprender los ingresos por pago de impuestos y tasas abarcan también contribuciones a la seguridad social, venta de bienes y servicios de la administración pública, rentas de la propiedad y otros ingresos.

menos   Gastos corrientes
Los gastos corrientes incluyen los gastos operativos del estado (sueldos, consumo de bienes y servicios, etc.),pago de intereses, transferencias a destinatarios de la seguridad social, subsidios, el financiamiento del déficit de las empresas pública y otros gastos operativos.

más   Recursos (ingresos) de capital
menos   Gastos de capital.
Los recursos y gastos de capital capturan flujos de fondos de inversión. Los ingresos tributarios más los recursos de capital menos los gastos corrientes y los gastos de capital dan como resultado el déficit financiero del gobierno nacional.

Igual: DÉFICIT FINANCIERO 
El déficit financiero es el déficit total dado que incluye el pago de intereses de deuda, a diferencia del déficit primario que no incluye los servicios de deuda

Desde la vuelta a la democracia a principios de la década del ochenta, marca un punto de inflexión en la política argentina, aunque los déficits fiscales eran recurrentes para cuando Alfonsín asume la presidencia, este desequilibrio no fue corregido hasta la actualidad, salvo en seis períodos del gobierno de Nestor Kirschner y Cristina Fernández de Kirschner.

Hay que agregar que durante este último período democrático, no estuvieron ausentes los serios problemas económicos; la presidencia de Alfonsín terminó en hiperinflación, el gobierno de Menem desembocó en la crisis y default del 2001 y la gestión Kirchnerista termina con una baja en los índices de crecimiento a partir del 2011 producto del difícil acceso al crédito y a crisis económicas tanto en los EEUU, como en Brasil (principal cliente de Argentina) y la caída de los precios en los comodites.

Estas tres grandes etapas, Alfonsinismo, Menemismo, y Kirchnerismo culminan sus gobiernos con problemas económicos distintos pero que comparten el mismo problema de origen: déficit fiscal. 

Gracias a la Ley de Convertibilidad y al Plan Brady, el déficit pasó a financiarse con deuda 
pública en lugar de emisión monetaria. Así como la década del ochenta terminó con hiperinflación, la década del noventa terminó con un default de la deuda pública.

Los gobiernos de Néstor Kirschner y Cristina Fernández de Kirschner, asumieron con las cuentas fiscales con superávit, siendo los primeros seis años del último medio siglo y posterior a la crisis del 2001 con este resultado fiscal.

A partir del 2009, se revierte esa situación, volviendo a la tendencia estructural de tener déficit fiscal, siendo los últimos tres años del gobierno de Cristina Fernández de Kirschner (2013-2014 y 2015) los de más alto déficit en relación al PBI que tuvo el Kirschnerismo, esto producto del aumento del gasto público vía desarrollo social e inversiones en infraestructura, pero fundamentalmente por la carga de los intereses de la deuda a partir de los acuerdos post default con el Club de Paris y el canje de deuda con los tenedores de bonos impagos.

Este anacrónico problema en las finanzas del Estado Argentino no ha variado desde el cambio de gobierno en el 2015, cuando la Alianza Cambiemos pregono en sus discursos de su campaña reducir el déficit fiscal que tanto le criticaba al gobierno kirchnerista.

Los malos números fiscales en este gobierno no están siendo resueltos, sino que además son mayores respecto al PBI, comparados con el período anterior.

Al cierre del ejercicio fiscal 2016, alcanzo al 5,79% del PBI, un porcentaje que lo sitúa en el 
puesto 148 de 189 países, en un ranking de déficit respecto a PBI en países del mundo,  0,17  porcentuales mayor al 2015. (elaborado por www.datosmacro.com/deficit)

En términos absolutos, a junio de 2016, el déficit alcanzo la suma de $ 53.934 millones, un 96,7% más que el mismo mes del año 2015, sin considerar los aportes que realiza el Banco Central de la República Argentina (BCRA)  y el ANSeS (ADMINISTRACION NACIONAL DE LA SEGURIDAD SOCIAL) ; y el déficit en el primer semestre del año 2016 fue de $ 217.039 millones incrementándose un 39,5% respecto al mismo periodo del año anterior.

Las causas principales de este desfasaje financiero radican en el aumento en los intereses de la deuda pública. Que paso de $ 48.648 millones en el semestre ene-jun 2015 a $ 91.012 millones en el igual lapso de 2016, esto significa un aumento del 87,1%.

Otro factor importante, es que los ingresos se vieron también afectados por la fuerte caída de los derechos de exportación, dado a la caída de las ventas externas y la reducción o eliminación de las retenciones y del IVA ante la baja del consumo.

Esta tendencia no mejora para el 2017, empeorándose aún mucho más con respecto al año anterior. Algunos analistas y organismos internaciones de crédito ubican al déficit fiscal cercano al 7,9% del PBI siendo uno de los tres más elevado de la historia democrática desde 1983.

Entre enero y junio el déficit financiero, que incluye el pago de intereses de la deuda pública, llegó a $255.547 millones, un 43% más que en el mismo período de 2016. "La significativa brecha entre la expansión del déficit primario (+28% interanual) y el rojo financiero (+43% interanual) corresponde al pago de intereses, que subió 70% interanual en el primer semestre del año", puntualizó un análisis de Ecolatina.

El proyecto de Presupuesto para el 2018 aspira a registrar un déficit financiero de $681.803 millones, equivalente a 5,5% del PBI o US$35.326 millones considerando un dólar promedio de $19,30 para el año próximo. Ese desequilibrio se cubre con más deuda. El déficit primario de 2018 bajaría de 4 a 3,2% del PBI porque proseguirán los aumentos de tarifas con la consecuente reducción de la cuenta de subsidios.

Pero los intereses aumentarían en términos nominales 27,6%, casi duplicando el aumento de los gastos primarios que crecerían un 15,1% y la propia meta promedio  de  inflación  del  15,7%.  La  carga  de  los intereses volvería a crecer con relación al gasto total y subiría del 2,2 al 2,3% del PBI, por un total de $ 286.191 millones o U$S 14.830 millones.

Estos números no incluyen el déficit de las Provincias y Municipios ni el del Banco Central 
(déficit cuasi-fiscal). Si se los incluyera, el “rojo” ascendería al 8% del PBI, (unos U$S 49.000 millones) según las estimaciones de consultoras privadas.

El otro elemento que incide en el cálculo del resultado financiero de un Estado, es el referido a los recursos o ingresos que percibe la Administración.
La   recaudación   –   que   se   distribuye   entre  la Administración Pública, Provincias y ANSeS-- sumaria $ 3.043.135 millones el 24,6% del PBI, lo que representa un alza del 18,7%.

El Gobierno lo atribuye a la esperada mejora de la actividad económica y del comercio exterior y “los mayores ingresos de personas físicas y ganancias de sociedades”. Los impuestos que más aportarán serán el IVA, Ganancias y en tercer lugar el impuesto a los créditos y débitos. La recaudación de Bienes Personales disminuirá por la exención a los contribuyentes cumplidores, el aumento del mínimo y la disminución de la alícuota.

Concluyendo:

En primer lugar, se determina que se ve que el déficit fiscal es un problema estructural en Argentina. En el último medio siglo sólo hubo seis años de superávit fiscal luego de la crisis del 2001, y ocurrió en el período presidencial del Kirshnerismo (2003-2008).

En segundo lugar, se observa que las crisis ocurren con niveles cada vez menores de déficit fiscal: El Rodrigazo se da en torno a un déficit fiscal de 14 puntos del PBI, la crisis de 1982 con un déficit de 11 puntos sobre el PBI, la de 1989 con casi 8 puntos sobre el PBI, la del 2001 con un poco más de 6 puntos del PBI y el default del 2014 con un poco más de 4 puntos del PBI. Esto pone de manifiesto los efectos de largo plazo sobre la solidez de la economía de medio siglo de déficit estructural acompañado de crisis monetarias y de deuda.

El déficit fiscal, tarde o temprano, de una manera u otra, cae sobre los hombros del contribuyente.Ya sea vía inflación, o por deuda pública que se traduce en mayores tasas de interés o impuestos para afrontar la deuda que el estado contrae en nombre del contribuyente. Cuando el estado se niega a ajustar sus cuentas fiscales, el ajuste recae inevitablemente sobre el sector privado y los contribuyentes.

Hay dos maneras de realizar ajustes fiscales, incrementando los ingresos tributarios vía crecimiento de la actividad económica o mayor presión fiscal por el aumento de alícuotas o nuevos impuestos, o reduciendo el gasto público, donde, si el estado reduce el gasto público, entonces la demanda agregada se reduciría afectando negativamente al PBI y por lo tanto al empleo y volumen de actividad productiva.

Para el economista Afredo Zaiat: “...hasta el 10 de diciembre de 2015, economistas obsesionados con el déficit fiscal indicaban que el desequilibrio se debía casi exclusivamente al monto destinado a financiar los subsidios. El gobierno de Macri aplicó tarifazos para disminuir esos subsidios, pero el déficit fiscal subió.
Ahora sostienen que el alza del déficit fiscal es porque no hubo un ajuste en otras partidas del gasto público y, por lo tanto, el aumento vertiginoso de la deuda fue una consecuencia para cubrir el agujero de las cuentas públicas. Las fuentes del déficit ya no son sólo los subsidios, sino también el gasto previsional y en salarios...”.

Hay un detalle que no mencionan: el gasto público en términos reales y en relación con el PIB disminuyó en 2016, según datos oficiales (bajó de 42,2 a 41,8 por ciento del Producto, correspondiendo 22,7 por ciento ala  Nación  y  el  resto  a  provincias  y  municipios).  El aumento del déficit no fue por un alza del gasto público. En 2016, la inversión pública directa cerró con una caída del 30 por ciento en términos reales y las transferencias de capital a las provincias disminuyeron 14 % en valores nominales en relación con 2015.

“La exigencia que trasmite la ortodoxia a la Alianza macrismo-radicalismo para “normalizar” la economía es arremeter contra el gasto público, en el que le depositan todos los males que padece la sociedad en términos económicos. O sea, aseguran que el descalabro de las cuentas públicas y la emisión desenfrenada de deuda se explican exclusivamente por el elevado nivel del gasto público. 
Para evitar el estallido que provocaría un déficit creciente y el crecimiento de la deuda hasta el nivel de la insolvencia presentan una única receta: reducir el gasto público., para después de las elecciones de octubre próximo”.

¿Por qué la economía fue arrastrada hacia un déficit fiscal explosivo? La clave se encuentra en una cuestión muy sencilla de entender: el Estado perdió recursos con la eliminación de las retenciones a las exportaciones del agro, mineras, petroleras e industriales (las de las sojas fueron reducidas) y con la disminución de impuestos a las ganancias  y bienes personales. A la  vez, subió sustancialmente la carga de intereses a pagar por el aumento de la deuda.

Un tercer factor relevante para explicar el incremento del déficit fiscal es la recesión auto infligida a partir de la implementación de una batería de medidas que sigue castigando el nivel de actividad.

La mega devaluación y los tarifazos derivaron en un shock inflacionario que las negociaciones paritarias no lograron equiparar la consiguiente caída del poder adquisitivo del salario, las jubilaciones y la AUH., que en términos reales deprimieron la demanda del mercado interno. El ingreso disponible de la población se derrumbó afectando el consumo. En ese contexto recesivo, la apertura importadora hundió aún más la producción nacional.

Como se sabe, cuando la economía retrocede (2,3 por ciento en 2016) la recaudación impositiva se retrae proporcionalmente más. Para los economistas Fabián Amico y Alejandro Fiorito, la elasticidad de los principales impuestos ante cambios del PIB en Argentina es muy alta. 

En una columna de opinión publicada en este diario precisaron que cuando el Producto cae 1 por ciento, la recaudación tributaria disminuye entre 1,4 y 1,9 por ciento.
En resumen el déficit fiscal que economistas del macrismo definen como explosivo está originado por:

     la eliminación de retenciones a las exportaciones y reducción de impuestos,
     el fuerte aumento de los intereses a pagar por el endeudamiento acelerado, y
     la recesión provocada por la mega devaluación, tarifazo,   caída   del   salario   real   y  apertura importadora.

El gobierno construyó la crisis de las cuentas públicas inventando que recibió una pesada herencia para de esa forma viabilizar una transferencia de ingresos regresiva. Es una conocida estrategia conservadora que consiste en generar situaciones económicas críticas porque sólo en ese estado la población acepta medidas que en un marco de estabilidad rechazaría.

Precipitó la crisis fiscal y ahora propone para resolverla el ajuste, que apunta a profundizar la redistribución regresiva del ingreso. Para implementarlo, avanzará en una reforma del sistema jubilatorio y en continuar con la disminución de los subsidios a servicios públicos esenciales.

A través de los medios de comunicación adictos ya adelantó como disfrazará ese recorte que afectará el bienestar de millones de personas: propondrá el achicamiento de la estructura burocrática de ministerios, previamente ampliada hasta el nivel de incompetencia. El marketing de reducción de cargos políticos servirá para maquillar la poda de recursos destinados al sistema de protección social y la implementación de una nueva ronda de tarifazos en la luz, el gas, el agua y el transporte.

Para mejorar el estado de las cuentas públicas no es necesario el ajuste regresivo que piden a gritos los economistas del establishment, sino simplemente recuperar los recursos cedidos a sectores de altos ingresos y mejorar la capacidad de compra de la población para impulsar el mercado interno y así aumentar la recaudación impositiva por el crecimiento de la economía.


Fuente de consulta: www.ncachanosky.com/uploads/7/4/7/8/7478847/capítulo_02_-_deficit_fiscal.pd La 
trampa del ajuste (Argentina) – Por Alfredo Zaiat, economista argentino – 
(www.pagina12.com.ar/43470-la-trampa-del-ajuste 11/6/17)


RELACIÓN DEL DEFICIT FISCAL RESPECTO AL PBI 1999_2017

                                   AÑO                                        % PBI                            OBSERVACIONES
                                   1999                                           3,81
                                   2000                                           3,33
                                   2001                                           5,42
                                   2002                                           2,12
                                   2003                                          -1,17                              Superávit fiscal
                                   2004                                          -3,55                              Superávit fiscal
                                   2005                                          -2,19                              Superávit fiscal
                                   2006                                          -1,71                              Superavit fiscal
                                   2007                                           0,06
                                   2008                                          -0,24                              Superavit fiscal
                                   2009                                           2,43
                                   2010                                           1,27
                                   2011                                           2,55
                                   2012                                           2,79
                                   2013                                           3,00
                                   2014                                           3,99
                                   2015                                           5,62
                                   2016                                           5,79
                                   2017                                           7,00                                    estimado

Fuente: http://www.datosmacro.com/deficit/argentina